Mostrando entradas con la etiqueta Sistema social. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sistema social. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de enero de 2014

El termómetro cumple 290 años: El principal testigo del cambio climático y su origen antropogénico

En este 2014 se cumplirán 290 años desde que en 1724 Daniel Gabriel Fahrenheit estableciera la escala de temperaturas que todavía hoy lleva su nombre, e iniciara la producción de termómetros precisos de mercurio, marcando de alguna forma lo que podríamos entender como el inicio de la era instrumental en la medida de temperaturas (si bien existen referencias anteriores de diversas aproximaciones para caracterizar el estado térmico de la materia). La escala Fahrenheit sigue todavía hoy siendo la escala oficial de temperaturas en EEUU y algunos otros países. En 1742, 18 años después, Anders Celsius propuso la predecesora de la actual escala de temperaturas Celsius, que es en la actualidad la escala de temperaturas empleada en la mayoría de países.

El termómetro y la proliferación de la medida de temperatura por el Planeta han tenido una gran importancia en la detección y consenso sobre el cambio climático de origen antropogénico que estamos desencadenando en las últimas décadas. En efecto, el termómetro ha constituido la ‘prueba del algodón’ para establecer estas conclusiones, al mismo tiempo que ha permitido el calibrado de los modelos climáticos para reforzar su capacidad y fiabilidad de reproducir cómo se puede desplegar el futuro bajo distintos escenarios.

La elevada inercia del sistema climático (debida principalmente a inercia térmica del océano, el tiempo requerido por las placas de hielo para responder al calentamiento global y el largo tiempo de permanencia del CO2 procedente de la combustión fósil en atmósfera, océano y biosfera), dificultan la percepción en la escala temporal humana del cambio climático de origen antropogénico y sus consecuencias, pues la gran mayoría de los efectos de las emisiones ya liberadas a la atmósfera tardará muchos años en manifestarse.

Por tanto, el disponer de la capacidad de medir con suficiente precisión la evolución de la temperatura media superficial ha constituido uno de los elementos fundamentales para alcanzar consenso sobre el hecho de que la actividad del hombre está ocasionando un cambio climático de elevada magnitud.

Este registro instrumental de temperaturas, nos ha permitido por un lado constatar la elevada tasa de crecimiento de la temperatura media superficial a lo largo de las últimas décadas (Figura-1), que es lo que se ha dado en denominar el  gráfico del ‘hockey stick’ por el parecido con un palo de hockey, lo cual se evidencia todavía más al incorporar la representación de estimaciones de temperatura en periodos anteriores a la existencia del termómetro (Figura-2), obtenidas mediante proxies con otras variables como el ancho de anillos de árboles, medidas de temperatura en pozos, y medidas de concentraciones relativas de isótopos de oxígeno en muestras de perforaciones en placas de hielo o sedimentos marinos. Estas estimaciones indirectas de la temperatura a partir de la medida de otras variables (proxy), tienen una incertidumbre muy superior a las medidas directas mediante termómetro, pero nos permiten hacernos una idea de la evolución del clima más allí de la época en que el termómetro empezó a estar asequible (paleoclimatología).


Figura-1: Evolución de las medidas de temperatura desde 1850, en la base de datos de medidas disponible. Notar la falta de cobertura en los polos y en África. a) Anomalía de temperatura respecto al promedio en 1961 – 1990; b) Cambio de temperatura entre 1901 y 2012. Referencia: AR5 del IPCC: WG-I, Climate Change2013: The Physical Science Basis, Summary for Policy Makers, 9/2013.



Figura-2: Evolución de la temperatura media superficial, complementando las medidas instrumentales (termómetros) disponibles desde mediados del S.XIX con medidas indirectas obtenidas por distintos métodos. Anomalías de temperatura respecto al promedio den el periodo 1881 – 1980. Referencia: AR5 del IPCC: WG-I, Climate Change 2013: The Physical Science Basis,  9/2013


Dado que el parámetro comúnmente más empleado para caracterizar la evolución del sistema climático es la temperatura media superficial, además de disponer del termómetro, es preciso extender su uso al conjunto de la superficie de la tierra para poder sacar un promedio representativo del conjunto del Planeta. Por este motivo, el registro de medida instrumental de la temperatura media superficial del planeta no se extiende estos 290 años transcurridos desde que disponemos del termómetro moderno, sino a lo largo de los últimos 170 años. La base de datos de medidas de temperatura actualmente disponible es muy amplia, y cubre ya una gran proporción de la superficie del Planeta, pero todavía hay regiones que no disponen de suficientes medidas, lo cual puede afectar a la caracterización de la temperatura media del Planeta que obtenemos a partir de las estaciones de medida disponibles.

De hecho, un artículo del 10/2013 (Coverage bias in theHadCRUT4 temperature record (Kevin Cowtan and Robert Way)) apunta al hecho de que la temperatura media superficial ha crecido más en los últimos años de lo que indican los datos correspondientes a las bases de datos de medidas disponibles, como consecuencia de que las bases de datos de medidas de temperatura disponibles (específicamente la HadCRUT4) no cubren el total de la superficie terrestre (en concreto cubren el 84%), y las regiones sin medidas no se encuentran uniformemente distribuidas por el Planeta, sino que se concentran en los polos y África (Figura-1).

Corrigiendo la base de datos con un método híbrido que se apoya en la información satelital disponible para complementar las medidas en superficie disponibles, Cowan & Way llegan a la conclusión de que la tasa de cambio de temperatura desde 1997 es 2.5 ves superior a la que se deriva al emplear exclusivamente la base de datos de medidas en tierra disponibles (Figura-3).


Figura-3: Incremento de la tasa de crecimiento de la temperatura media superficial durante las últimas dos décadas al corregir la base de datos de las medidas de temperatura disponibles con información de temperaturas obtenida a partir de medidas realizadas por satélites. Referencia: (Coverage bias in the HadCRUT4 temperature record (Kevin Cowtan and Robert Way): (http://skepticalscience.com/open_access_cw2013_update.html))


La medida de temperaturas para caracterizar la evolución de la temperatura media superficial nos muestra cómo a lo largo de las últimas décadas se ha producido un rápido incremento de esta temperatura media (Figura-1), pero si bien esta elevada tasa de crecimiento es sospechosa, pero no permite por sí misma concluir el origen antropogénico de este cambio del sistema climático.

Lo que en una analogía ’policíaca’ o ‘western’ se ha dado en llamar la ‘smoking gun’ del cambio climático, es decir, la prueba de la autoría antropogénica del ‘crimen’ climático, es la comparación de este registro de temperaturas con las previsiones que proporcionan los modelos climáticos de cómo hubiera tenido que evolucionar la temperatura media superficial a lo largo de las últimas décadas  al incluir u omitir los forzamientos climáticos de origen antropogénico como entradas en los modelos climáticos. La Figura-4 procedente del AR5 del IPCC muestra una de las versiones más actualizadas de esta ‘smoking gun’, tanto a nivel global como para distintas regiones del Planeta.

La línea negra en los gráficos de la Figura-4 representa los resultados de la evolución de la temperatura media procedente de la base de datos de medida de temperatura (HadCRUT4), mientras que la línea roja (junto a su banda de incertidumbre definida por la región sombreada naranja) muestran los resultados que arrojan los modelos climáticos al simular la evolución del sistema climático sometido al conjunto de forzamientos (tanto los naturales como los de origen antropogénico) experimentados por el sistema climático en este periodo histórico.

Como podemos observar, los resultados de los modelos aproximan bien la evolución real de las temperaturas caracterizadas por las medidas en la red de estaciones distribuida por el Planeta, capturando correctamente ese incremento de temperatura que se manifiesta de forma más contundente a partir de 1960 – 1970.

Esta concordancia entre los resultados de los modelos climáticos al excitarlos con los forzamientos climáticos históricos y las medidas de temperatura en este periodo, es lo que proporciona confidencia para emplear los modelos climáticos con el fin de pronosticar la evolución futura del sistema climático bajo distintos escenarios de forzamiento (asociado a distintos escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero), y constituye otra aportación muy importante del termómetro.

En efecto, el termómetro nos ha permitido realizar este ‘calibrado’ de los modelos climáticos con la evolución real del sistema climático en el periodo durante el cual disponemos de medidas, proporcionándonos seguridad sobre nuestra capacidad de predecir la evolución futura del clima bajo distintos contextos de inferencia antropogénica, lo cual es la base necesaria para fundamentar las decisiones de cómo debemos modificar nuestra interacción con el sistema climático a fin de garantizar que evitemos desencadenar cambios climáticos con repercusiones negativas sobre la sociedad humana y sobre el resto de habitantes del Planeta.

La línea azul (historicalNat) en los gráficos de la Figura-4, recoge los resultados de los modelos climáticos al excitarlos con los forzamientos climáticos de origen natural (variaciones de la irradiación solar, erupciones volcánicas,…) que han tenido lugar a lo largo del periodo histórico durante el cual disponemos de medidas de temperatura. Por tanto, los forzamientos empleados sobre el sistema climático en estas simulaciones, excluyen los correspondientes a la actividad antropogénica, y son los que habría habido en el planeta Tierra si la especie humana no estuviera presente, de tal forma que los resultados de los modelos climáticos reproducen en este caso cómo hubiera tenido que evolucionar el sistema climático si la especie humana no hubiera andado por aquí este último siglo y medio.

Como podemos observar en la Figura-4, los resultados que arrojan los modelos climáticos para la evolución del sistema climático en una Tierra sin especie humana durante el último siglo y medio divergen de las medidas de temperatura durante este periodo de tiempo, especialmente a partir de 1960 – 1970, así como de los resultados de las simulaciones con esos mismos modelos climáticos al incorporar el forzamiento climático de origen antropogénico (línea roja): Esto constituye la ‘smoking gun’, o prueba definitiva de que el cambio climático que ya estamos viéndose manifestar a lo largo de las últimas décadas tiene su origen en la actividad de la especie humana (emisiones de gases de efecto invernadero), y que la tasa de cambio que estamos implementando es muy superior a lo que hubiera correspondido a la evolución ‘natural’ del sistema climático.

A pesar de lo contundentes que son los resultados de la Figura-4, debemos tener presente que lo que estamos midiendo como manifestación del cambio climático en esta figura (variación de la temperatura media superficial), es tan solo una pequeña parte (del orden del 10%) del desequilibrio que ya hemos introducido en el sistema climático, pues la mayor parte del desequilibrio climático de origen antropogénico ha sido temporalmente absorbido por la elevada inercia del sistema climático (especialmente los océanos), de tal forma que sus consecuencias se irán materializando a lo largo de los próximos siglos (aunque dejáramos de emitir gases de efecto invernadero de forma radical).


Figura-4: Comparativa entre las medidas de la temperatura media superficial entre 1870 y 2012 (HadCRUT4; curva negra), y las previsiones de los modelos climáticos para este mismo periodo de tiempo al incorporar el forzamiento climático de origen antropogénico (historical; curva roja), y al considerar tan solo los forzamientos naturales, es decir, sin tener en cuenta el forzamiento de origen antropogénico (historicalNat; curva azul). Las tres figuras de la fila  superior muestran los valores globales (total, tierra y océano). Las seis figuras de la segunda y tercera filas muestran los valores para 6 regiones distintas del Planeta. La última figura muestra los valores para la región Antártica. Las temperaturas se muestran como anomalías respecto al valor medio del periodo 1880 – 1919 para todas las figuras, excepto para la última correspondiente a la región Antártica, en que se muestra la anomalía respecto al periodo  1950 – 2010. Las líneas rojas y azul muestran los valores medios de los resultados obtenidos con los distintos modelos climáticos empleados en los CMIP3 y CMIP5 (CMIP = Coupled Model Intercomparison Project), y se encuentran rodeados respectivamente por unas bandas (naranja para la línea roja y azul para la línea azul) que muestran la incertidumbre (rango de probabilidad entre el 5% y el 95%) estimada a partir de la población de resultados definida por los distintos modelos climáticos. Referencia: AR5 del IPCC: WG-I, Climate Change 2013: The Physical Science Basis, Summary for Policy Makers, 9/2013.

Ya en 1992, durante la Convención marco sobre Cambio Climático, se produjo de forma oficial el reconocimiento internacional por parte de la mayoría de países de que la combustión de los recursos fósiles significaba una grave amenaza para el sistema climático. Han pasado ya 22 años y la sociedad todavía no ha sido capaz de elegir gestores políticos con capacidad de articular estrategias que permitan resolver el problema: Lejos de esto, el problema ha ido empeorando de forma muy significativa con el tiempo, haciendo cada vez más complejo el abordar su solución:  En efecto, la estabilización del sistema climático hubiera requerido reducciones de las emisiones del 2.1%/año si se hubieran iniciado inmediatamente después del reconocimiento oficial de esta realidad (en 1995), reducciones de las emisiones del 3.5%/año si se hubieran iniciado 10 años después (en 2005), y reducciones de las emisiones de más del 6%/año si iniciamos ahora (año 2014) una actuación global encaminada a evitar un cambio climático de consecuencias muy negativas. Estas tasas crecientes del requerimiento de reducción de emisiones complican de forma exponencial el llegar a implementar el cambio necesario para evitar desencadenar un cambio climático con impacto de grandes proporciones.

Pero lejos de iniciar esta transición, nuestros gobiernos e industria van en dirección totalmente opuesta, apresurándose en expandir el usode combustibles fósiles (perforaciones en el ártico, desarrollo de combustibles fósiles no convencionales,...).

Todavía es posible acometer la transición necesaria hacia una economía libre de carbono, pero para ello es preciso que el sistema social evolucione y madure rápidamente, pasando por un punto de inflexión respecto a la actitud que ha mantenido hasta ahora, para tomar las riendas de su futuro (aunque sea en el último instante), articulando los mecanismos de respuesta rápida disponibles (Energía 3.0).

El protocolo de Kyoto (1997) ha sido hasta la fecha el único intento a escala global de abordar esta grave problemática, y su carácter descafeinado, la falta de medidas concretas y dirigidas a objetivos, y la limitada participación a nivel internacional ha resultado totalmente ineficaz para invertir la tendencia de unas emisiones crecientes con el tiempo. Este es sin duda un fracaso personal de los políticos que han estado gestionando nuestra sociedad durante estos últimos 22 años, pero en última instancia es un fracaso de la sociedad para organizarse mediante gestores competentes.

Quedan ahora un par de años para la COP 21 (París, 12/2015) en la que se pretende negociar un nuevo tratado climático que sustituya al protocolo de Kyoto. Un par de años para que la sociedad tome conciencia de la gran importancia del problema climático y coloque a gestores competentes en los puestos de decisión/negociación. Dos años son realmente MUY poco tiempo para implementar los cambios necesarios teniendo en cuenta las inercias de nuestro sistema social y político. Así mismo, la ausencia de alternativas claras a las generaciones de políticos incapaces que nos han gestionado a lo largo de estas últimas décadas arroja poca esperanza sobre nuestra capacidad de materializar los cambios necesarios.

Todavía está fresca la frustración e impotencia de la COP15 en Copenhagen (año 2009), donde una importante articulación de la sociedad civil fue incapaz de hacer que los representantes políticos trascendieran su incompetencia crónica. Pero el sistema social (y por ende el sistema político) son sistemas altamente NO lineales, por lo que siempre cabe la posibilidad de que se articulen mecanismos de cambio rápido que permitan cristalizar una evolución y maduración mucho más rápida que la tendencial, y por tanto sigue habiendo espacio para la esperanza. Desde ya estamos asistiendo a iniciativas de las sociedad civil buscando caminos para articular estos procesos de cambio (por ejemplo esta campaña recientemente lanzada por Aavaz: ‘24 meses para salvar el mundo’.

El termómetro ya ha hecho todo lo que podía, aportando contribuciones fundamentales para la identificación del problema del cambio climático. Pero para resolver el problema es preciso que la sociedad humana adopte una posición activa:

¿estaremos nosotros como sociedad civil a la altura del desafío que el termómetro nos ha evidenciado?


Ciertamente, lo que no podremos es decir a las generaciones futuras es que no lo sabíamos...

lunes, 30 de diciembre de 2013

Recursos fósiles no convencionales: ¿superando los límites de irresponsabilidad, egoísmo y especulación climáticas?


A lo largo del próximo año (2014), al ritmo actual de emisiones (del orden de 10 GtC/año), ya habremos superado el límite (400 GtC) de emisiones de carbono acumuladas (durante la era industrial )  procedentes de combustibles fósiles que nos podemos permitir si queremos mantener el sistema climático dentro del rango en el cual ha permanecido a lo largo del Holoceno, época geológica en la que se han desarrollado y se encuentran adaptadas  la especie humana y sus sistemas social y económico, así como la mayoría de especies que actualmente habitan la Tierra.

Así de contundentes son las conclusiones del reciente artículo de James Hansen y otros 17 colegas que comentábamos en un post anterior. Notar que el artículo habla de un límite de 500 GtC de emisiones acumuladas procedentes de combustibles fósiles, pero esta cifra va ligada a la hipótesis de que se realice una reforestación masiva equivalente a la fijación de 100 GtC en la biosfera y el suelo, lo cual parece MUY alejado del contexto actual en el que seguimos deforestando a un ritmo de 1 GtC/año.

En este contexto, ciertamente no parece que plantearse la explotación de reservas de combustibles fósiles ADICIONALES sea en absoluto lo más inteligente ni adecuado desde la perspectiva del conjunto de la sociedad, sino más bien otro movimiento especulador de aquellos que juegan con los recursos ajenos.

Desde la perspectiva social, todos los esfuerzos y recursos deberían estar alineándose para establecer una rápida transición hacia la descarbonización de nuestros sistemas energético y económico.

Pero la realidad es, bien lejos de esta situación, que el grueso de los recursos, movilizados por los mismos intereses que nos han conducido a la situación actual de casi-colapso climático, se alinean con la explotación de recursos fósiles adicionales, los denominados combustibles fósiles no convencionales (gas de esquisto - shale gas y arenas bituminosas - oil sands), cuyo destino final en el contexto de desarrollo especulativo actual será incrementar la cantidad de carbono fósil liberado a la atmósfera, porque supongo que todos tenemos claro que si se explotan estos recursos es para quemarlos, que es lo que permitirá amortizar las inversiones especulativas realizadas para su extracción.

En efecto, un breve recorrido por noticias energéticas actuales no dejan demasiado lugar para las dudas de hacia donde se están alineando los recursos:


Y si echamos un vistazo (Figura-1) a las reservas y recursos recuperables de los distintos combustibles fósiles, convencionales y no convencionales, en términos de sus correspondientes emisiones de carbono a la atmósfera, y los comparamos con las emisiones acumuladas hasta el año 2012 asociadas al uso de combustibles fósiles (384 GtC), rápidamente podemos ver la enorme irresponsabilidad que supone el explotar los combustibles no convencionales.

En efecto, si 400 GtC es el límite de emisiones acumuladas de carbono que nos podemos permitir para no sacar el sistema climático del contexto en el que ha evolucionado durante el Holoceno y que nos permite tener garantías de que no se desencadenarán procesos climáticos irreversibles de realimentación lenta que modificarían radicalmente las condiciones del planta Tierra, embarcarse en la explotación de los combustibles fósiles no convencionales equivale a desencadenar un proceso en el que las emisiones potenciales podrían llegar a superar las 26000 GtC (algunas de las estimaciones sobre el recursos recuperable de shale gas llegan a alcanzar las 15000 GtC), un valor más de 65 veces superior al límite máximo que nos podemos permitir, lo cual, a la vista de lo que ya conocemos sobre el sistema climático constituye un acto de egoísmo e irresponsabilidad extremo.


Figura-1: Estimación de reservas (rentables de extraer a los precios actuales) y recursos (potencialmente recuperables con precios mayores de la energía y/o tecnologías de extracción más avanzadas) mundiales de recursos fósiles, convencionales (petróleo, gas natural, carbón) y no convencionales (arenas bituminosas – oil sands y gas de esquisto – shale gas), en términos de las correspondientes emisiones de carbono a la atmósfera asociadas a su uso, y comparadas con las emisiones hasta la fecha (color violeta) de los recursos fósiles convencionales. Referencia: ‘Assessing ‘‘DangerousClimate Change’’: Required Reduction of Carbon Emissions to Protect YoungPeople, Future Generations and Nature’, Hansen J. et al., 12/2013

Al comparar en la Figura-1 las emisiones fósiles de combustibles convencionales ya realizadas hasta el año 2012 (barras violeta) con las emisiones potenciales si nos embarcamos en la explotación de los combustibles fósiles no convencionales, vemos que las emisiones ya materializadas constituyen tan solo un 1.4% de  las emisiones potenciales si dejamos que el especulativo sistema económico actual se asiente en la senda de explotación de los combustibles fósiles no convencionales.

En este contexto, y teniendo en cuenta que las emisiones fósiles materializadas hasta la fecha ya han llevado al sistema climático hasta el límite de lo tolerable antes de desencadenar impactos irreversibles que modifiquen radicalmente las condiciones en el planeta Tierra, resulta evidente que la crisis hacia a que vamos de cabeza (si no articulamos muy rápidamente la transición hacia la descarbonización), no es una crisis de peak (es decir, de alcanzar un pico en producción de combustibles fósiles que produzca una divergencia entre las curvas de producción y de demanda), como algun@s  no han dejado de augurar insistentemente, sino una crisis climática de consecuencias devastadoras cuyos efectos se van a prolongar en el tiempo durante milenios, y que van a poner en jaque (mate) a la humanidad y resto de especies que actualmente habitan el planeta Tierra: Vamos, que tanto la actual crisis económico-financiera como el eventual peak-oil (si tuviera ocasión de materializarse),  palidecen al lado de la crisis climática que vamos camino de desencadenar si no empezamos a actuar inmediatamente de forma responsable en materializar la transición hacia una economía libre de carbono.

Otro elemento muy importante en el que conviene que fijemos nuestra atención en la Figura-1 son las reservas y recursos de carbón, que alanzan valores del orden de 800 GtC y 10000 GtC respectivamente. Por tanto, incluso descartando el aprovechamiento de los recursos fósiles no convencionales, si no procedemos a descarbonizar urgentemente nuestra economía (combustibles líquidos equivalentes a los que actualmente obtenemos del petróleo también se pueden obtener a partir del carbón, con una huella de carbono superior), desencadenaremos la crisis climática.

En este contexto, cabe preguntarse si los combustibles fósiles no convencionales podrían desempeñar algún papel positivo en el proceso de transición, dado que en algunos casos las emisiones equivalentes de la unidad de energía útil proporcionada pueden ser inferiores a las correspondientes en caso de obtener esa energía útil a partir del carbón. Para que pudiéramos considerar esta opción, deben darse, a mi entender, varias condiciones:

  •  La existencia de un control social directo sobre la explotación de los combustibles fósiles no convencionales, a fin de evitar que los procesos especulativos en los que actualmente se apoya nuestro sistema económico conduzcan a la eventual liberación en el sistema climático el total de carbón correspondiente a las reservas o recursos disponibles. Y cuando hablo de control social me refiero a un control social extendido que también supere la actual inmadurez del sistema social para capturar los intereses del conjunto de la sociedad actual y futura: En efecto, la liberación de estas cantidades de carbono en el sistema atmosférico tendría consecuencias de muy gran calado sobre las posibilidades e impactos que tendrían las futuras generaciones, pues sus efectos se prolongarían durante milenios, y por tanto la sociedad actual no está moralmente capacitada para decidir unilateralmente sobre la conveniencia o modo de explotar estos recursos, y es menester incorporar en el proceso de decisión y control los intereses de las sociedades futuras. Este control social debería garantizar que la explotación de los recursos fósiles no convencionales tuviera un impacto neto positivo sobre el proceso de transición, atenuando por tanto las emisiones acumuladas hasta completar dicha transición. Esto, entre otras cosas, implica que el coste económico  por unidad de energía útil proporcionada por estos recursos fósiles no renovables sería significativamente superior al obtenido por el actual sistema económico especulativo que externaliza todas estas consideraciones, puesto que la producción de unidades de energía útil se encontraría intrínsecamente limitada por debajo de la máxima producción para una inversión dada en explotación del recurso.
  • Emisiones de carbono por unidad de energía útil significativamente inferiores a las de los recursos fósiles convencionales, teniendo en cuenta el conjunto del ciclo de vida de la producción de los combustibles fósiles no convencionales. Es de resaltar la relativa opacidad con la que normalmente se manejan las emisiones equivalentes de los combustibles fósiles no convencionales al no incorporar el conjunto de su ciclo de vida: las emisiones por unidad de energía útil del shale gas y de las oil sands no son las del gas natural o petróleo respectivamente, sino superiores, como consecuencia del resto de emisiones en las que es necesario incurrir para obtener estos combustibles más allí de las correspondientes a quemar el producto final.
  • La inexistencia de otros impactos adicionales asociados a los procedimientos de extracción de los combustibles fósiles no convencionales (contaminación de acuíferos, producción de actividad sísmica,…).

Varias de estas condiciones están actualmente muy lejos de estar establecidas, y por tanto en mi opinión la sociedad no debería permitir que se desencadenara la explotación de los combustibles fósiles no convencionales en el contexto especulativo actual.

E incluso si estas condiciones se dieran, sería preciso llevar un paso más allí las consideraciones de justicia social para enmarcar el contexto en el que los combustibles fósiles no convencionales deberían explotarse. 

En efecto, la responsabilidad social de la situación límite hasta la que hemos conducido al sistema climático, es decir, de las emisiones acumuladas  ya materializadas de 384 GtC hasta el 2012, que dejaban un colchón de tan solo 16 GtC adicionales para alcanzar el límite de 400 GtC (que a un ritmo de prácticamente 10 GtC/año alcanzaríamos ya a mediados del año 2014), se reparte de forma MUY dispar entre los distintos países. Las Figuras-2 y 3 recogen los balances de emisiones acumuladas hasta el año 2012, tanto en términos absolutos como per cápita, y nos muestran de forma MUY clara cuál es la asignación de responsabilidades de haber conducido al sistema climático hasta la condición límite actual, y por tanto dónde debería encontrarse también concentrada la responsabilidad de guiar y liderar el camino de la transición hacia un sistema energético y económico descarbonizados.

Observando estos resultados, y en concreto la Figura-3 que detalla las emisiones acumuladas per cápita, realmente resulta difícil de entender que países como EEUU o Canadá se encuentren actualmente (¡a finales del año 2013!) liderando la explotación de los combustibles fósiles no convencionales, y que países como los de la UE (y especialmente España) sigan escabullendo de forma escandalosa sus responsabilidades para guiar y facilitar el camino de la transición hacia economías y sistemas energéticos libres de carbono.



Figura-2: Emisiones de carbono acumuladas absolutas en el periodo 1751 – 2012  por países/ regiones. Referencia: ‘Assessing ‘‘Dangerous Climate Change’’: Required Reduction of Carbon Emissionsto Protect Young People, Future Generations and Nature’, Hansen J. et al., 12/2013



Figura-3: Emisiones de carbono acumuladas per cápita en el periodo 1751 – 2012  por países/ regiones. Referencia: ‘Assessing ‘‘Dangerous Climate Change’’: Required Reduction of Carbon Emissionsto Protect Young People, Future Generations and Nature’, Hansen J. et al., 12/2013


Realmente resulta alucinante el estado de inmadurez implícito en el hecho de que todavía hoy, ya casi en el 2014, no tengamos ningún pudor en asignar en exclusiva los beneficios económicos correspondientes a la explotación de los recursos fósiles existentes en un país, mientras nos escabullimos por completo de las correspondientes responsabilidades sobre el sistema climático global asociadas al uso de estos combustibles fósiles.

La incorporación de un mínimo de criterios de justicia social al uso de los combustibles fósiles no convencionales (bajo las condiciones anteriormente mencionadas que justifiquen su uso), probablemente conduciría a un reparto de la cantidad de recurso que podamos permitirnos explotar (para mantenernos dentro de los límites del sistema climático), de forma inversamente proporcional a las responsabilidades contraídas hasta la fecha (reflejadas en la Figura-3).

Pero a la vista de la absoluta incapacidad demostrada hasta la fecha por nuestros sistemas económico, social y político para materializar estas mínimas consideraciones de justicia social, junto al escaso colchón de emisiones fósiles (convencionales o no) permisibles para acotar el impacto sobre el sistema climático, sinceramente creo que la única opción es renunciar por completo al uso de los combustibles fósiles no convencionales y concentrar nuestra limitada capacidad de gestión competente en materializar la transición hacia la descarbonización. 

Y por lo que respecta a los países que lideran el ranking de responsabilidad en las emisiones acumuladas hasta la fecha (Figura-3), la reparación parcial de la fuerte responsabilidad social contraída, debería hacer que desde hace ya algunas décadas se hubieran concentrado exclusivamente en construir, viabilizar y ejemplificar la transición hacia sistemas económicos y energéticos totalmente decarbonizados, de tal forma que esta transición fuera directamente asumible por el resto de países. Pero no: Totalmente en contra de esto, los ‘lideres’ del ranking de la Figura-3 siguen empeñados en incrementar su huella de irresponsabilidad social hasta hacer que esta supere el tamaño del propio Planeta:
  • Volcándose codiciosamente en los combustibles fósiles no convencionales, y transmitiendo por tanto la señal al resto de países de que ese es el camino a seguir: Planteamiento especulativo que conducirá a la eventual liberación a la atmósfera del total de carbono correspondiente a las reservas disponibles.
  • Ralentizando (y en algunos casos escandalosos como el de España, directamente entorpeciendo)  el desarrollo de las energías renovables que junto al despliegue del potencial de eficiencia e inteligencia constituyen la opción más viable y directa para materializar la transición (Energía 3.0), con el correspondiente impacto, tanto directo como indirecto, en el asentamiento y crecimiento de esta opción en el resto de países.

Y las sociedades de estos países líderes en el ranking de emisiones acumuladas (Figura-3), siguen permitiendo a sus sistemas económico y político que continúen profundizando  en esta egoísta y especulativa irresponsabilidad social… ¿vamos a permitir que esto vaya más allí del 2013?

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Los gestores políticos Epañoles como lacra a la transición hacia la sostenibilidad

Artículo de hoy en El País: 'Industria siembra “incertidumbre” en la producción de energía verde'

Y parece que nunca llega la gota que colma el vaso... ¿hasta cuando va a tolerar desde la sociedad esta incompetencia extrema en los gestores políticos de este país?, ¿necesitamos todavía una intensificación de la crisis estructural más allí de la actual para despertar como sociedad y tomar las riendas de la gestión del país y del planeta? Porque si este es el caso, si necesitamos caer más hondo para empezar a despertar y articular inteligencia en el sistema social, no debemos descartar la opción del colapso total (que es lo que habitualmente sucede cuando se cae demasiado hondo), y la incertidumbre de que lo que se reconstruya a posteriori sea mejor, pues evidentemente no se mostraron señales de haber aprendido la lección antes de colapsar.

Es cierto que el sistema de primas a las renovables, y especialmente para algunas tecnologías como la FV, tenía importantes errores. No tanto por el valor inicial de las primas (porque por aquel entonces el coste de una instalación podía rondar los 7 €/Wp (más del doble de lo actual), sino por el desacoplamiento del sistema de incentivos con la evolución de la tecnología por su curva de aprendizaje y reducción de costes, que además en la fotovoltaica se ha visto alterada por discontinuidades causadas por prácticas ilícitas de mercado (como las del gobierno Chino encaminadas a romper el mercado para absorberlo).

Pero estos problemas del sistema de apoyo a las renovables tienen su origen en los que lo planificaron incorrectamente (los gestores políticos), y no en aquellos pequeños inversores que asumieron el riesgo para acelerar la transición del sistema energético, en lo que constituía un paso histórico en la implicación de la sociedad con el proceso de transición energética.

Y sí, el riesgo lo absorbieron esos pequeños inversores que asumieron la inversión de esas instalaciones fotovoltaicas a preciso mucho más elevados de los actuales, contribuyendo así a que la tecnología avanzara por la curva de aprendizaje y a que hoy podamos disponer de una tecnología fotovoltaica mucho más barata. Y ese riesgo consiste en que para recuperar la inversión que hicieron, con una rentabilidad que justificara que invirtieran en ese momento, necesitaban estar cobrando las primas durante 25 años, algo que como se ha visto, en España es un riesgo inasumible por la existencia de una clase política inepta con incapacidad de mantener compromisos tan serios
como estos que condicionan una inversión, no ya de grandes grupos inversores, sino de ciudadan@s de a pié.

Es cierto que por aquel entonces, cuando la inversión en las instalaciones fotovoltaicas estaba entre 7-6 €/Wp, había muchos espabilados sueltos por ahí, manifestación directa de una regulación de apoyo a las renovables mal planificada. Todavía recuerdo cómo por aquellos tiempos, allí por el año 2007, me crucé con algunos instaladores que por realizar las conexiones de una instalación doméstica ya montada y cableada (toda la inversión ya realizada), tirar la línea de evacuación por un
tubo enterrado ya disponible y emitir el boletín del instalador pretendían cobrar 2 €/Wp, prácticamente lo que cuesta hoy una instalación fotovoltaica completa (incluyendo toda la inversión)!
Pero todos estos son problemas originados por los que hicieron mal su trabajo al establecer y gestionar la regulación (es decir, los gestores políticos), y no la de esos pioneros que asumieron con sus recursos económicos personales, un papel activo en la transición del sistema energético.

Es decir, evidentemente existió especulación relacionada con el despliegue de las renovables en nuestro país (aunque hay que ser muy cauto en no extrapolar esta conclusión al conjunto de tecnologías renovables, pues algunas de ellas dispusieron de un contexto propicio a la especulación mucho más potente y dilatado en el tiempo que otras). Pero a los que se les está haciendo pagar ese proceso especulativo no son ni los especuladores ni los que propiciaron el contexto especulativo.
Si se quiere afrontar retroactivamente el impacto de ese contexto especulativo, lo primero y fundamental es realizar un diagnóstico correcto para identificar los responsables contra los que hay que actuar. Y estos responsables ciertamente no son ni mucho menos contra los que están actuando los gestores políticos de nuestro país, es decir, los inversores que apostaron por estas tecnologías.

En efecto, para estos inversores las condiciones eran meridianamente claras: un coste en
el mercado de las tecnologías y una retribución por la generación fijada por los gestores políticos para los siguientes 25 años, y entre medias unos riesgos a asumir por ellos (insisto una vez más que los riesgos se los tragan por completo los inversores, y eso tiene su coste que hay que retribuir) de lo que pudiera pasar durante esos 25 años: modificaciones climáticas, catástrofes naturales o artificiales, degradación de la tecnología...y uno con el que nadie contó porque era inverosímil antes de que España sentase el precedente: Unos gestores políticos impresentables que retroactivamente podían cambiar las reglas de juego a medio camino.

Con estas condiciones de contorno tan claras, no hay margen alguno para la especulación por parte del inversor. El inversor simplemente echaba sus números (que el gestor político también podía echar si tuviera una mínima capacitación para desempeñar su cargo), y decidía si asumía los riesgos con la rentabilidad obtenida. A esto se le añadía en su momento una componente de buen quehacer por estar echando una mano a la transición del sistema energético hacia la sostenibilidad.

Por tanto si algo fue mal, el inversor, y especialmente los pequeños inversores, no son a los que hay que pedir responsabilidades y castigar, como están haciendo los gestores políticos de nuestro país. Si van contra ellos, es simplemente porque dada la incompetencia extrema de estos gestores políticos, el inversor es simplemente la presa más fácil que pueden encontrar.

Pero entonces, si se quiere cargar contra alguien para enmendar las consecuencias de ese proceso especulativo, ¿contra quien habría que ir?

Pues evidentemente, los primeros responsables son los gestores políticos que establecieron un contexto regulatorio que favorecía la especulación y que luego fueron incapaces de redirigir el contexto regulatorio en tiempo real para minimizar el impacto de la especulación sin perjudicar a los actores que no estaban involucrados en esos procesos especulativos. Pero lamentablemente, un signo más de la inmadurez de nuestro sistema político es la ausencia absoluta de exigencias de responsabilidades retroactiva a esos responsables políticos y a sus correspondientes partidos.

Y en segunda instancia, están los actores directos que especularon aprovechándose de la existencia de un contexto regulatorio deficitario: fabricantes de equipos, vendedores de equipos, proveedores de servicios,... Pero no en 'genérico' sino que habría que evaluar quienes de ellos estuvieron incrementando artificialmente los precios de los productos o servicios que ofrecían para especular en base al contexto regulatorio deficitario. Sin embargo, medir este grado de responsabilidad especulativa es complejo, e intentar de forma retroactiva pedir responsabilidades por eso también.
Y en última instancia, en un mercado libre es difícil exigir responsabilidades incluso a estos colectivos (fabricantes, vendedores, proveedores de servicios) que básicamente estructuraron su negocio totalmente dentro de la legalidad y en base a las condiciones de contorno existentes (entre otras esa regulación defectuosa de la que no son responsables).

Así que los gestores políticos, en un acto de cobardía extrema, se vuelven hacia la presa fácil.

Y la verdad es que es alucinante la escasa memoria histórica que tenemos, lo cual probablemente explica también que sigamos tolerando esta incompetencia política después de tanto tiempo. Hoy, con los precios de la fotovoltaica en el orden de menos de la mitad de lo que eran en el 2006, miramos (en parte por influencia de la desinformación a la que intenta someternos la clase política, pero también en parte por mérito propio de la sociedad) a los que hicieron la inversión en fotovoltaica en el pasado como unos aprovechados porque están recibiendo unas primas muy altas en comparación a las que hacen falta hoy (esto es con los precios de la fotovoltaica hoy) para tener una rentabilidad razonable, obviando el hecho contundente de que los primeros inversores en fotovoltaica en nuestro país no pagaron el precio actual de la fotovoltaica, sino bastante más del doble, por lo cual es de cajón que las primas que deben recibir sean considerablemente mayores que las que hoy en día tienen sentido.

Pánico me da que sea esta clase de gestores políticos absolutamente incompetentes la que pretenda evaluar lo que es una 'rentabilidad razonable'. Sinceramente, no los considero ni mínimamente capacitados para hacer la evaluación técnico-económica correspondiente, pero más allí de esto, el concepto de 'rentabilidad razonable' es absolutamente erróneo, pues lo que la 'razón' de los inversores consideraba que era una rentabilidad que cubría el riesgo que asumían en el momento de hacer la inversión es la rentabilidad que tenían entonces, y eso es algo que es totalmente imposible de modificar retroactivamente. En lugar de 'rentabilidad razonable' para el inversor, deberían hablar de
'robo razonable' del estado a los inversores para cubrir las incompetencias de los gestores políticos.

Y realmente, es posible que dada su incompetencia e incapacidad absolutas, los gestores políticos de nuestro país no se den cuenta del daño que están causando, bien por falta de capacidad de percepción, o bien por preferir mirar a otro lado, ambas causas más que suficientes para inhabilitarlos como gestores políticos.

Yendo más allí de esa modificación retroactiva de la rentabilidad de unos inversores que en muchos casos son ciudadanos de a pié, lo que ya han hecho estos gestores de forma irreversible, es destruir algo tan importante como el impulso e iniciativa del sistema social para ser copartícipe del proceso de transición hacia la sostenibilidad, con un creciente orgullo por asumir activamente esta responsabilidad. Este era un gran avance que estábamos logrando en España, aunque todavía quedaba un largo camino por recorrer, pero ya se había logrado vencer la tremenda inercia inicial para echar a andar por el camino adecuado. Con un poco de inteligencia política, la evolución natural hubiera sido hacia la incorporación de otras estrategias reguladoras como el autoconsumo y a recoger los frutos de ese empujón que estábamos dando (el conjunto de la sociedad pagando las primas, y los inversores pioneros asumiendo los riesgos) al avance por la curva de aprendizaje de las tecnologías renovables que podían formar la base de un modelo de desarrollo sostenible. Lo que parece realmente estúpido por parte de los gestores políticos es crear un contexto en el que no vamos a recoger prácticamente ninguno de los frutos de ese esfuerzo inicial.

Después de este 'episodio negro', mucho me temo que el esfuerzo para volver a asomar fuera de las tinieblas será exponencialmente más elevado, y mucho me temo que prácticamente será imposible durnte mucho tiempo volver a conseguir hacer creer al ciudadano de a pié que puede ser co-partícipe en el proceso de transición hacia la sostenibilidad, pues en la memoria estará muy fresco el recuerdo de que los gestores políticos que hoy le dicen esto, mañana con mucha probabilidad lo dejarán en
la estacada.

Ausencia total de credibilidad de la sociedad en el sistema político y en los gestores políticos de turno: Este es el impacto de gran calado de la penosa gestión de nuestros representantes políticos actuales.

Otro daño que dejará la estela de esta penosa actuación de los gestores políticos es la percepción de riesgo en los mercados financieros, conduciendo a mayores intereses y por tanto a encarecer las tecnologías mediante la creación de una nueva categoría de riesgo que lleva la 'marca España': Gobiernos impresentables. Es decir, cuando en el futuro un ciudadano de a pié se acerque a un banco para pedir un préstamo para una instalación de energías renovables porque ha decidido ser copartícipe del proceso de transición asumiendo parte de los riesgos del cambio de modelo, si esa tecnología renovable requiere de un mecanismo de apoyo (tipo primas o cualquier otro) gestionado por el gobierno, simplemente el préstamo tundra un interés mucho más elevado, quizás hasta el punto de desincentivar al ciudadano a hacer esa inversión, para cubrir el riesgo de 'gobierno impresentable'.

En última instancia, no debemos olvidar que las primas a las renovables (o cualquier otro mecanismo de apoyo implementado para apoyar unas tecnologías que aportan valor al conjunto de la sociedad), las paga la sociedad. Un tema que me parece fundamental es la sostenibilidad de estos mecanismos de apoyo, para lo cual es condición imprescindible que haya una transparencia absoluta en su gestión y una información completa de la sociedad, que en base a estos elementos es en última instancia la que debe pronunciarse sobre cómo gestionar estos recursos. La responsabilidad de los gestores políticos es el proporcionar esa información y transparencia, claramente informando de los valores que aportan esas tecnologías para las cuales se solicita el apoyo de la sociedad (algo que difícilmente pueden hacer nuestros gestores políticos actuales por su absoluta ignorancia de estos valores). Pero no entra dentro de las atribuciones de los gestores políticos el decidir por la sociedad como gestionar estos mecanismos de apoyo, pues al hacerlo están condicionando fuertes impactos para la sociedad del futuro (haber truncado la transición del sistema energético hacia la sostenibilidad) sin asumir responsabilidad alguna por ello (ya hemos visto que los gestores políticos no asumen responsabilidad retroactiva alguna).

En definitiva, que cada vez se va conformando más que el actual sistema político español actúa como una lacra para la maduración y evolución de nuestra sociedad. La total ausencia de inteligencia que exhibe le convierte sin duda en el eslabón débil del avance hacia la sostenibilidad. Pero lo peor es que tampoco se vislumbran alternativas de maduración sistema político en España más allí de los gestores políticos que actualmente tenemos. Probablemente habrá que asumir que es cierto eso de que tenemos los políticos que nos merecemos: una mayoría les votó, y la mayoría les consiente mantener su sitio después a pesar de las barbaridades que puedan hacer, y nadie les exigirá responsabilidades después. Quizás, como consecuencia de este eslabón débil estemos condenados a ir a remolque del resto del mundo. Por tanto, la esperanza se queda en que haya otras regiones del mundo que avancen en la dirección adecuada, y España que se resigne a lo que su clase política la condena: Ir a remolque tarde y mal.



jueves, 25 de abril de 2013

Jornadas sobre sostenibilidad energética en Bullas (Murcia)

El 23/3/2013 se celebraron unas jornadas sobre sostenibilidad energética (y mucho más) en Bullas, Murcia, en una clara muestra de articulación de la sociedad entorno a estos temas, cuyas semillas sin duda van contribuyendo a generar momento para la transición.

En este enlace podéis acceder a la presentación que acompañó a la charla  'Hacia la sostenibilidad energética: Posibilidades y desafíos'.

En el caso de que haya otros contenidos accesibles en internet, confío en que los organizadores de las jornadas se sientan libres de referenciarlos en los comentarios.

domingo, 20 de mayo de 2012

Ya toca 'darle la vuelta' a los sistemas energético, económico y político

¿Y si la clave estuviera en ‘dar la vuelta’ a los sistemas en los que estamos organizados, cambiando las atribuciones y relaciones entre las piezas que los componen?

En el estudio Energía 3.0 entendemos que este es uno de los elementos que permiten liberar toda una seria de mecanismos de respuesta rápida, capaces de reencauzar nuestro sistema energético hacia la sostenibilidad en los cortos plazos de tiempo disponibles, y que en el fondo no es más que la consecuencia de un proceso de maduración social, tecnológica y como individuos, que nos permite evolucionar desde los sistemas gobernados por la oferta en los que estamos organizados, hacia sistemas gobernados por la demanda capaces de ajustarse a las condiciones de contorno a las que estamos sujetos al mismo tiempo que permiten mejorar la accesibilidad a los servicios que necesitamos.




Probablemente, cuando nos empezamos a organizar como sociedad configurando los sistemas económico y energético actuales, no había otra opción que la de los sistemas gobernados por la oferta que tenemos ahora. La inmadurez del sistema social, y la percepción generalizada de recursos ilimitados (el capital de recursos físicos y ambiental se percibía como ilimitado, y por tanto no había derechos de propiedad repartidos entre el conjunto de la sociedad, dejando que su propiedad quedara en manos de los que decidían ‘explotarlos’, y que nos auto engañáramos con la falacia de la externalización de todos los impactos sobre los mismos), no dejaban otra opción que la del enfoque centralizado y gobernado por la oferta, en la que los ‘emprendedores’ tomaban las riendas y se erigían en los representantes del conjunto de la sociedad para gestionar esos recursos en su beneficio propio a cambio de suministrar a la sociedad, por un ‘módico precio’, los servicios que esta necesitaba. Incluso lo interpretábamos como progreso, tanto desde el lado de la oferta como del de la demanda, lo cual refuerza la idea de que probablemente en esos estadios iniciales no había otra opción que la de habernos organizado así.

Para establecerse y poder evolucionar, estos sistemas gobernados por la oferta han requerido de un sistema económico y político que estuvieran alineados con los objetivos de generación de beneficio cortoplacista de unos pocos sin tener en consideración las repercusiones sobre el interés general a largo plazo, y establecer como pilares generales la propiedad y la incentivación del híper-consumo, poniendo el énfasis en la venta de productos (frente al suministro de servicios), que si bien han sido capaces de satisfacer la mayoría de los servicios requeridos por la sociedad (al menos por una parte de la sociedad), pero lo han hecho con una gran ineficiencia y rigidez, lo cual evidentemente es mejor que nada (y aquí se nos vende la idea de progreso), pero sin duda bastante peor del óptimo al que podemos aspirar. Sin embargo, en un contexto con una demanda inmadura, sin capacidad de tomar las riendas de la gobernanza de los sistemas y de implicarse responsablemente en su configuración y operación, el enfoque gobernado desde la oferta (sin participación activa de la demanda), probablemente no tenía ninguna otra opción de estructuración que la que ha seguido.

Pero el sistema social se está haciendo mayor, a lo cual sin duda contribuyen de forma significativa las señales que recibimos de otros sistemas, como el climático y económico, dándonos una clara indicación de que estamos sobrepasando los límites que nos imponen las condiciones de contorno a las que estamos sometidos, y que por tanto resulta imprescindible modificar la estructura de nuestros sistemas para organizarnos de una forma más eficiente.

Y llegados a este punto conviene pararse a analizar sin prejuicios los aspectos e implicaciones de los sistemas gobernados por la oferta que requerirían ser modificados para establecernos en una senda de sostenibilidad:

·         Los sistemas centralizados y gobernados por la oferta llevan implícitos un fuerte requerimiento de sobredimensionado, y unas consecuencias de ineficiencia en el uso de los recursos y rigidez en la cobertura de la demanda de servicios. En efecto, la demanda es la parte grande del sistema, con diferencia, y además tiene un carácter fuertemente distribuido. Por tanto, al minimizar su implicación tanto en la definición como en la operación del sistema (como hacen los sistemas gobernados por la oferta), la cobertura de la demanda de servicios no se puede hacer de otra forma que a ‘cañonazos’ e introduciendo fuertes servidumbres (rigideces) en la demanda. Una visualización de esta situación, es ese autocar que además de introducir fuertes servidumbres sobre la demanda en términos de horarios y emplazamiento de las paradas, acaba paseando en un vehículo de 60 plazas a una única persona por una trayectoria mucho más larga de la que necesitaría (recorriendo el conjunto de paradas): Evidentemente existe un amplio margen de mejora, tanto en cuanto a la reducción de las servidumbres y por tanto a la mejora de la accesibilidad al servicio solicitado, como desde el punto de vista de la eficiencia en el uso de los recursos empleados para proporcionar el servicio, pero también es cierto que sin una implicación activa de la demanda (lo cual requiere, entre otras cosas, un cierto grado de madurez de la misma) probablemente no había otra forma de organizarse para proporcionar la cobertura del servicio.
·         Existe una gran limitación de gobernanza en los sistemas gobernados por la oferta, entendiendo por gobernanza la capacidad del conjunto del sistema social de coger las riendas y alinear el sistema en la dirección del interés del conjunto de la sociedad: La participación activa de la demanda, ha sido excluida en el propio planteamiento de los sistema gobernados por la oferta, estructurándose las interacciones principales de forma unidireccional desde la oferta hacia la demanda.
·         Las ineficiencias de los sistemas gobernados por la oferta eliminan la posibilidad de generación de valor compartido, que si bien como su valor indica dicho valor generado debe compartirse entre oferta y demanda, pero al eliminarlo de raíz por excluir la participación de la demanda, la propia oferta pierde este potencial de generación de beneficio.
·         La falacia de mandar todos los impactos al cajón de las externalidades es una gran mentira que tanto el sistema climático como económico se están encargando de evidenciarnos de forma contundente. Esto, por un lado conduce a unas muy bajas prestaciones en términos de economía global de los sistemas gobernados por la oferta, por lo que dejan un amplio margen de mejora, y por otro lado está conduciendo a generar desconfianza de la demanda en los actores de la oferta, que probablemente esté contribuyendo al proceso de maduración de la demanda.
·         Los sistemas gobernados por la oferta se han edificado en gran medida sobre desigualdades, con unos pocos haciendo uso de los recursos de todos, lo cual, además de la injusticia sobre la que se asienta, conduce a una situación de inestabilidad creciente, que probablemente también constituya un ingrediente del proceso de cambio: El desafío es gobernar esta fuerza de cambio para conseguir que sea constructiva en lugar de destructiva (el batacazo que se puede llevar el triángulo de la figura al evolucionar desde la situación inestable actual a una situación estable puede ser tremendo si no somos capaces de encauzar la transición)
·         Por último, los sistemas gobernados por la oferta a menudo edifican sobre tecnologías de acceso a unos pocos, lo cual es en gran medida implícito a la estructura básica de estos sistemas, donde la ‘competitividad’ exige limitar al máximo la horizontalidad. Por tanto, no debe extrañarnos que el proceso de maduración de los sistemas a menudo vaya gobernado por un cambio de tecnologías hacia otras de acceso al conjunto de la sociedad.

La maduración social, tecnológica y como individuos nos permite iniciar ya el proceso de transición desde los sistemas gobernados por la oferta hacia los sistemas gobernados por la demanda, que además de solucionar los inconvenientes anteriormente apuntados, mejorando de forma muy importante la accesibilidad a los servicios demandados con un uso mucho más eficiente de los recursos,  nos proporciona acceso a mecanismos de cambio rápidos que nos permitan estabilizar nuestros sistemas de forma compatible con las condiciones de contorno a las que estamos sometidos en los plazos de tiempo disponibles. Este acceso a mecanismos de respuesta rápida es MUY importante en la situación actual, en la que estamos viviendo de las rentas inerciales del sistema climático, en el peligroso contexto de sus mecanismos no lineales, pues ya excedimos el límite de las condiciones de contorno que nos impone. La capacidad de los mecanismos de respuesta rápida de permitirnos regresar dentro de los límites de las condiciones de contorno a las que estamos sometidos antes de que se desaten los impactos negativos de las no linealidades de los sistemas que fijan estas condiciones de contorno, es un privilegio, a modo de última oportunidad, que deberíamos ser capaces de reconocer a tiempo.

El despliegue de inteligencia por los sistemas es una de las características distintivas de este proceso de maduración y transición hacia los sistemas gobernados por la demanda. Una comunicación bidireccional y efectiva entre las distintas partes que componen los sistemas, elemento fundamental para articular la incorporación de la demanda en la definición, estructura y gobernabilidad de los sistemas, y unas estructuras relacionales que permitan alinear el objetivo final de accesibilidad a servicios con el uso óptimo de los recursos para proporcionar estos servicios y con la sostenibilidad de los mismos, son manifestaciones de este despliegue de inteligencia.

La evolución de un sistema económico parcial (preocupado tan solo de la producción valorada en términos monetarios), a un sistema económico completo que incorpore tanto en sus indicadores como en su estructura el conjunto de las dimensiones de bienestar material, calidad de vida, elementos medioambientales y sostenibilidad; con una transición de las economías basadas en el híper-consumo de productos a otras estructuradas entorno a la accesibilidad a los servicios, capaces de maximizar la generación de valor compartido entre todos los integrantes del sistema económico; explotando el potencial de los planteamientos de consumo y trabajo colaborativos; y con una contundente gobernabilidad social que reconduzca la situación actual (la sociedad al servicio del sistema económico) hacia el punto de partida original que da sentido a la razón de ser del sistema económico: un sistema económico al servicio de la sociedad que permita cubrir la demanda de servicios con un uso óptimo de los recursos disponibles para este fin.  

Si recapacitamos un poco en todo lo que nos rodea, nos daremos cuenta de que hay muchos frentes en los que avanzar en este proceso de transición. Incluso en elementos a priori tan ‘asépticos’ como en la propia estructuración del trabajo, podemos observar un gran distanciamiento de los contextos colaborativos que permitirían optimizar la cobertura de la demanda de servicios con un uso óptimo de recursos y con el máximo beneficio para el conjunto, permitiendo que cada uno de nosotros aportara lo más beneficioso para el conjunto. El contexto actual en el que nos encontramos es bastante distinto, indicando una ausencia de despliegue de inteligencia colectiva por estos ámbitos. Nos hemos rodeado de una sinrazón de banderas y banderitas a las que rendimos pleitesía, y que en aras de conceptos como la competitividad o el ‘si no lo hago yo que no lo haga nadie’,  permitimos que determinen la dirección de la fuerza resultante con la que contribuimos a los sistemas en los que estamos organizados, por más que esta empuje en una dirección totalmente opuesta a la de los objetivos finales del bien común.

Quizás todo es ‘tan sencillo’ como el que nos deshagamos de esas banderas y banderitas en exceso, y que aprendamos a alinear esfuerzos en la dirección del bien común. Las herramientas ya las tenemos disponibles, y señales no faltan para convencernos de que tanto a nivel individual como colectivo podemos contribuir a potenciar ese despliegue de inteligencia y maduración, y es más, a que quizás ya arrancó ese proceso de transición.